{"id":1046,"date":"2026-02-27T12:47:40","date_gmt":"2026-02-27T11:47:40","guid":{"rendered":"https:\/\/enviosclero.archimadrid.com\/?p=1046"},"modified":"2026-02-27T12:47:40","modified_gmt":"2026-02-27T11:47:40","slug":"carta-del-papa-leon-xiv-al-presbiterio-de-madrid","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/enviosclero.archimadrid.com\/?p=1046","title":{"rendered":"Carta del Papa Leon XIV al Presbiterio de Madrid"},"content":{"rendered":"<p><i>Queridos hijos:<\/i><\/p>\n<p>Me alegra poder dirigiros esta carta con ocasi\u00f3n de vuestra Asamblea Presbiteral y hacerlo desde un sincero deseo de fraternidad y unidad. Agradezco a vuestro Arzobispo y, de coraz\u00f3n, a cada uno de vosotros la disponibilidad para reuniros como presbiterio, no s\u00f3lo para tratar asuntos comunes, sino para sosteneros mutuamente en la misi\u00f3n que compart\u00eds.<\/p>\n<p>Valoro el compromiso con el que viv\u00eds y ejercit\u00e1is vuestro sacerdocio en parroquias, servicios y realidades muy diversas; s\u00e9 que muchas veces este ministerio se desarrolla en medio del cansancio, de situaciones complejas y de una entrega silenciosa de la que s\u00f3lo Dios es testigo. Precisamente por eso deseo que estas palabras os alcancen como un gesto de cercan\u00eda y de aliento, y que este encuentro favorezca un clima de escucha sincera, de comuni\u00f3n verdadera y de apertura confiada a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, que no deja de obrar en vuestra vida y en vuestra misi\u00f3n.<\/p>\n<p>El tiempo que vive la Iglesia nos invita a detenernos juntos en una reflexi\u00f3n serena y honesta. No tanto para quedarnos en diagn\u00f3sticos inmediatos o en la gesti\u00f3n de urgencias, sino para aprender a leer con hondura el momento que nos toca vivir, reconociendo, a la luz de la fe, los desaf\u00edos y tambi\u00e9n las posibilidades que el Se\u00f1or abre ante nosotros. En este camino se vuelve cada vez m\u00e1s necesario educar la mirada y ejercitarnos en el discernimiento, de modo que podamos percibir con mayor claridad lo que Dios ya est\u00e1 obrando, muchas veces de forma silenciosa y discreta, en medio de nosotros y de nuestras comunidades.<\/p>\n<p>Esta lectura del presente no puede prescindir del marco cultural y social en el que hoy se vive y se expresa la fe. En muchos ambientes constatamos procesos avanzados de secularizaci\u00f3n, una creciente polarizaci\u00f3n en el discurso p\u00fablico y la tendencia a reducir la complejidad de la persona humana, interpret\u00e1ndola desde ideolog\u00edas o categor\u00edas parciales e insuficientes. En este marco, la fe corre el riesgo de ser instrumentalizada, banalizada o relegada al \u00e1mbito de lo irrelevante, mientras se afianzan formas de convivencia que prescinden de toda referencia trascendente.<\/p>\n<p>A ello se suma un cambio cultural profundo que no puede ignorarse: la progresiva desaparici\u00f3n de referencias comunes. Durante mucho tiempo, la semilla cristiana encontr\u00f3 una tierra en buena medida preparada, porque el lenguaje moral, las grandes preguntas sobre el sentido de la vida y ciertas nociones fundamentales eran, al menos en parte, compartidos. Hoy ese sustrato com\u00fan se ha debilitado notablemente. Muchos de los presupuestos conceptuales que durante siglos facilitaron la transmisi\u00f3n del mensaje cristiano han dejado de ser evidentes y, en no pocos casos, incluso comprensibles. El Evangelio no se encuentra s\u00f3lo con la indiferencia, sino con un horizonte cultural distinto, en el que las palabras ya no significan lo mismo y donde el primer anuncio no puede darse por supuesto.<\/p>\n<p>Sin embargo, esta descripci\u00f3n no agota lo que realmente est\u00e1 sucediendo. Estoy convencido \u2014y s\u00e9 que muchos de vosotros lo percib\u00eds en el ejercicio cotidiano de vuestro ministerio\u2014 de que en el coraz\u00f3n de no pocas personas, especialmente de los j\u00f3venes, se abre hoy una inquietud nueva. La absolutizaci\u00f3n del bienestar no ha tra\u00eddo la felicidad esperada; una libertad desvinculada de la verdad no ha generado la plenitud prometida; y el progreso material, por s\u00ed solo, no ha logrado colmar el deseo profundo del coraz\u00f3n humano.<\/p>\n<p>En efecto, las propuestas dominantes, junto con determinadas lecturas hermen\u00e9uticas y filos\u00f3ficas con las que se ha querido interpretar el destino del hombre, lejos de ofrecer una respuesta suficiente, han dejado con frecuencia una mayor sensaci\u00f3n de hartazgo y vac\u00edo. Precisamente por ello, constatamos que muchas personas comienzan a abrirse a una b\u00fasqueda m\u00e1s honesta y aut\u00e9ntica, una b\u00fasqueda que, acompa\u00f1ada con paciencia y respeto, las est\u00e1 conduciendo de nuevo al encuentro con Cristo. Esto nos recuerda que para el sacerdote no es momento de repliegue ni de resignaci\u00f3n, sino de presencia fiel y de disponibilidad generosa. Todo ello nace del reconocimiento de que la iniciativa es siempre del Se\u00f1or, que ya est\u00e1 obrando y nos precede con su gracia.<\/p>\n<p>Se va perfilando as\u00ed\u00a0<i>qu\u00e9 tipo de sacerdotes necesita Madrid<\/i>\u00a0\u2014y la Iglesia entera\u2014\u00a0<i>en este tiempo<\/i>. Ciertamente no hombres definidos por la multiplicaci\u00f3n de tareas o por la presi\u00f3n de los resultados, sino varones configurados con Cristo, capaces de sostener su ministerio desde una relaci\u00f3n viva con \u00c9l, nutrida por la Eucarist\u00eda y expresada en una caridad pastoral marcada por el don sincero de s\u00ed. No se trata de inventar modelos nuevos ni de redefinir la identidad que hemos recibido, sino de volver a proponer, con renovada intensidad, el sacerdocio en su n\u00facleo m\u00e1s aut\u00e9ntico \u2014ser\u00a0<i>alter Christus<\/i>\u2014, dejando que sea \u00c9l quien configure nuestra vida, unifique nuestro coraz\u00f3n y d\u00e9 forma a un ministerio vivido desde la intimidad con Dios, la entrega fiel a la Iglesia y el servicio concreto a las personas que nos han sido confiadas.<\/p>\n<p>Queridos hijos, permitidme que hoy os hable del sacerdocio sirvi\u00e9ndome de una imagen que conoc\u00e9is bien: vuestra Catedral. No para describir un edificio, sino para aprender de \u00e9l. Porque las catedrales \u2014como cualquier lugar sagrado\u2014 existen, como el sacerdocio, para conducir al encuentro con Dios y la reconciliaci\u00f3n con nuestros hermanos, y sus elementos encierran una lecci\u00f3n para nuestra vida y ministerio.<\/p>\n<p>Al contemplar su fachada aprendemos ya algo esencial. Es lo primero que se ve, y, sin embargo, no lo dice todo: indica, sugiere, invita. As\u00ed tambi\u00e9n el sacerdote no vive para exhibirse, pero tampoco para esconderse. Su vida est\u00e1 llamada a ser visible, coherente y reconocible, aun cuando no siempre sea comprendida. La fachada no existe para s\u00ed misma: conduce al interior. Del mismo modo, el sacerdote no es nunca fin en s\u00ed mismo. Toda su vida est\u00e1 llamada a remitir a Dios y a acompa\u00f1ar el paso hacia el Misterio, sin usurpar su lugar.<\/p>\n<p>Al llegar al umbral comprendemos que no conviene que todo entre en el interior, pues es espacio sagrado. El umbral marca un paso, una separaci\u00f3n necesaria. Antes de entrar, algo queda fuera. Tambi\u00e9n el sacerdocio se vive as\u00ed: estando en el mundo, pero sin ser del mundo (cf.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a017,14). En este cruce se sit\u00faan el celibato, la pobreza y la obediencia; no como negaci\u00f3n de la vida, sino como la forma concreta que permite al sacerdote pertenecer enteramente a Dios sin dejar de caminar entre los hombres.<\/p>\n<p>La catedral es tambi\u00e9n un hogar com\u00fan, donde todos tienen lugar. As\u00ed est\u00e1 llamada a ser la Iglesia, especialmente para con sus sacerdotes: una casa que acoge, que protege y que no abandona. Y as\u00ed ha de vivirse la fraternidad presbiteral; como la experiencia concreta de saberse en casa, responsables unos de otros, atentos a la vida del hermano y dispuestos a sostenernos mutuamente. Hijos m\u00edos, nadie deber\u00eda sentirse expuesto o solo en el ejercicio del ministerio: \u00a1resistid juntos al individualismo que empobrece el coraz\u00f3n y debilita la misi\u00f3n!<\/p>\n<p>Al recorrer el templo, advertimos que todo descansa sobre las columnas que sostienen el conjunto. La Iglesia ha visto en ellas la imagen de los Ap\u00f3stoles (cf.\u00a0<i>Ef<\/i>\u00a02,20). Tampoco la vida sacerdotal se sostiene por s\u00ed misma, sino en el testimonio apost\u00f3lico recibido y transmitido en la Tradici\u00f3n viva de la Iglesia, y custodiado por el Magisterio (cf.\u00a0<i>1 Co<\/i>\u00a011,2; 2\u00a0<i>Tm<\/i>\u00a01,13-14). Cuando el sacerdote permanece anclado en este fundamento, evita edificar sobre la arena de interpretaciones parciales o acentos circunstanciales, y se apoya en la roca firme que lo precede y lo supera (cf.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a07,24-27).<\/p>\n<p>Antes de llegar al presbiterio, la catedral nos muestra lugares discretos pero fundamentales: en la pila bautismal nace el Pueblo de Dios; en el confesionario es continuamente regenerado. En los sacramentos, la gracia se revela como la fuerza m\u00e1s real y eficaz del ministerio sacerdotal. Por eso, queridos hijos, celebrad los sacramentos con dignidad y fe, siendo conscientes de que lo que en ellos se produce es la verdadera fuerza que edifica la Iglesia y que son el fin \u00faltimo al que se ordena todo nuestro ministerio. Pero no olvid\u00e9is que vosotros no sois la fuente, sino el cauce, y que tambi\u00e9n necesit\u00e1is beber de esa agua. Por eso, no dej\u00e9is de confesaros, de volver siempre a la misericordia que anunci\u00e1is.<\/p>\n<p>Junto al espacio central se abren capillas diversas. Cada una tiene su historia, su advocaci\u00f3n. A pesar de ser distintas en arte y composici\u00f3n, todas comparten una misma orientaci\u00f3n; ninguna est\u00e1 girada hacia s\u00ed misma, ninguna rompe la armon\u00eda del conjunto. As\u00ed sucede tambi\u00e9n en la Iglesia con los distintos carismas y espiritualidades mediante los cuales el Se\u00f1or enriquece y sostiene vuestra vocaci\u00f3n. Cada uno recibe una forma particular de expresar la fe y de nutrir la interioridad, pero todos permanecen orientados hacia el mismo centro.<\/p>\n<p>Miremos el centro de todo, hijos m\u00edos: aqu\u00ed se revela qu\u00e9 da sentido a lo que hac\u00e9is cada d\u00eda y de d\u00f3nde brota vuestro ministerio. En el altar, por vuestras manos, se actualiza el sacrificio de Cristo en la m\u00e1s alta acci\u00f3n confiada a manos humanas; en el sagrario, permanece Aquel que hab\u00e9is ofrecido, confiado de nuevo a vuestro cuidado. Sed adoradores, hombres de profunda oraci\u00f3n y ense\u00f1ad a vuestro pueblo a hacer lo mismo.<\/p>\n<p>Al t\u00e9rmino de este recorrido, para ser los sacerdotes que la Iglesia necesita hoy, os dejo el mismo consejo de vuestro santo compatriota, san Juan de \u00c1vila: \u00abSed vosotros todo suyo\u00bb (<i>Serm\u00f3n\u00a0<\/i>57). \u00a1Sed santos! Os encomiendo a Santa Mar\u00eda de la Almudena y, con el coraz\u00f3n lleno de gratitud, os imparto la Bendici\u00f3n Apost\u00f3lica, que extiendo a cuantos est\u00e1n confiados a vuestro cuidado pastoral.<\/p>\n<p><i>Vaticano, 28 de enero de 2026. Memoria de santo Tom\u00e1s de Aquino, presb\u00edtero y doctor de la Iglesia.<\/i><\/p>\n<p>LE\u00d3N PP. XIV<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Queridos hijos: Me alegra poder dirigiros esta carta con ocasi\u00f3n de vuestra Asamblea Presbiteral y hacerlo desde un sincero deseo de fraternidad y unidad. 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